lunes, 23 de febrero de 2026

La falsa creencia de la “superpoblación mundial”

La superpoblación mundial es uno de los temas más recurrentes en debates ambientales, económicos y sociales. Se argumenta frecuentemente que el planeta ya soporta una carga excesiva de habitantes, con cifras que rondan los 8.300 millones de personas en la actualidad (según estimaciones actualizadas de fuentes como Worldometers y Naciones Unidas para febrero de 2026), y proyecciones que indican que en 2050 podríamos alcanzar alrededor de 9.700 millones de habitantes (de acuerdo con la variante media de las revisiones de la ONU en World Population Prospects).
 
Pero ¿y si el verdadero problema no radica en el número absoluto de personas, sino en cómo se distribuyen por el territorio? Esta perspectiva alternativa invita a reflexionar sobre la concentración extrema en ciertas áreas urbanas frente a vastas regiones prácticamente despobladas, lo que genera presiones locales insostenibles mientras otras zonas quedan subutilizadas.
 
Veamos algunos ejemplos concretos para ilustrar esta idea.
 
En España, si sumamos la población de las ciudades de Madrid (aproximadamente 3.5 millones de habitantes en el municipio) y Barcelona (alrededor de 1.7 millones), obtenemos cerca de 5.2 millones de personas. La extensión combinada de ambos municipios es de unos 707 km² (605 km² para Madrid y 101 km² para Barcelona). Esto resulta en una densidad de población combinada de aproximadamente 7.355 habitantes por km².En contraste, la población total de España ronda los 49.6 millones de habitantes (datos del INE a inicios de 2026), y su superficie es de 505.370 km². La densidad nacional es de solo 98 habitantes por km². La diferencia es abismal: las dos grandes ciudades concentran una densidad decenas de veces superior a la media del país, lo que explica tensiones en vivienda, tráfico y servicios en esas urbes, mientras amplias zonas rurales y despobladas (la llamada "España vaciada") luchan por retener población. 7.355 habitantes por km² frente a 98 habitantes por km² !!!
 
Otro caso ilustrativo es Noruega. La capital, Oslo, tiene una densidad de población que supera los 1.500 habitantes por km² (considerando su área urbana municipal y datos recientes), mientras que la densidad media del país entero es de apenas 15 habitantes por km² (con una población de unos 5.65 millones en una superficie de más de 365.000 km² terrestres). Noruega es uno de los países más extensos y despoblados de Europa en términos relativos, con la mayoría de su gente concentrada en el sureste, alrededor de Oslo y otras pocas áreas costeras. 1.500 vs 15 !!!
 
Un tercer ejemplo puede ser Egipto. La ciudad de El Cairo presenta una densidad extremadamente alta, superior a 20.000 habitantes por km² en su núcleo urbano (y en algunas zonas supera los 40.000), mientras que la densidad nacional de Egipto es de alrededor de 100-110 habitantes por km² (con la inmensa mayoría viviendo a lo largo del Nilo y en el delta, dejando desiertos casi vacíos que cubren más del 95% del territorio). 20.000 o más vs 100 !!!
 
Estos patrones se repiten en todo el mundo: megaciudades como Tokio, São Paulo, Mumbai o Ciudad de México muestran densidades que multiplican por cientos o miles la media nacional o continental.
 
Por eso, si aplicamos la misma lógica al planeta entero, la conclusión es reveladora. La población mundial actual (alrededor de 8.300 millones) dividida por la superficie terrestre habitable aproximada (unos 148-150 millones de km², excluyendo océanos, Antártida y zonas extremas inhóspitas) da una densidad global de solo 56 habitantes por km² (según cálculos estándar de la ONU y Worldometers para 2026). Esta cifra es notablemente baja si se compara con países densamente poblados como Países Bajos (más de 500 por km²) o incluso con la media europea (alrededor de 110-120).
 
¿Es 56 habitantes por km² una cifra alarmante? Está claro que no. Países como Francia o Alemania tienen densidades similares o superiores sin colapsar, y regiones enteras del mundo (Siberia, Australia interior, Canadá norteño, Amazonas, Sahara) permanecen con densidades inferiores a 1 habitante por km².En definitiva, el problema no parece ser una "superpoblación" absoluta, sino una distribución irregular e irracional: concentración masiva en polos urbanos que genera saturación, contaminación y escasez de recursos locales, mientras grandes extensiones de tierra arable, habitable o con potencial permanecen subutilizadas o abandonadas por falta de infraestructuras, oportunidades económicas o políticas de descentralización.
 
Este enfoque invita a replantear soluciones: en lugar de solo controlar nacimientos o alarmarse por el crecimiento global (que, por cierto, está desacelerándose y podría estabilizarse antes de lo previsto), quizás sea más efectivo promover una redistribución equilibrada, revitalizar zonas rurales, mejorar conectividades y planificar ciudades más sostenibles y menos concentradas. El planeta no está "lleno"; está mal repartido.
 

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