martes, 10 de febrero de 2026

Criterios: Más allá de la certeza, la capacidad de pensar por uno mismo

En una época saturada de opiniones instantáneas, titulares virales y algoritmos que refuerzan lo que ya pensamos, la expresión “tener criterio” destaca con fuerza, aunque a menudo se malinterpreta. Decir que alguien “tiene criterio” no equivale a afirmar que posee la verdad absoluta ni que su visión sea superior a la de los demás. Significa, en esencia, que esa persona ha recorrido un camino propio: se ha documentado, ha analizado, ha razonado y ha llegado a una conclusión personal sobre un asunto determinado.
 
El término criterio proviene del griego kritḗrion, que significa “lo que sirve para juzgar o discernir”. Según la Real Academia Española, se define como norma para conocer la verdad, juicio o discernimiento. Pero cuando hablamos de criterio propio, nos referimos a algo más íntimo y autónomo: la capacidad de formar opiniones y tomar decisiones basadas en un proceso crítico e independiente, sin depender exclusivamente de la presión social, la autoridad o la moda del momento.
 
Tener criterio propio no implica infalibilidad. Al contrario: reconoce que nadie monopoliza la verdad. Precisamente por eso, la palabra “criterio” debería usarse casi siempre en plural. Cada persona construye su propio criterio a partir de su experiencia, valores, lecturas, conversaciones y reflexiones. Mi criterio sobre un tema político, ético, científico o cotidiano no tiene por qué coincidir con el tuyo, y eso no lo invalida ni lo hace superior o inferior. Simplemente es diferente.
 
Esta diversidad de criterios es, en realidad, una riqueza. Cuando respetamos los criterios ajenos —incluso aquellos que nos parecen equivocados o lejanos—, abrimos la puerta al aprendizaje mutuo. El que defiende una postura con argumentos sólidos puede hacernos replantear la nuestra; el que llega a conclusiones opuestas desde premisas honestas nos obliga a afinar nuestro razonamiento. El diálogo genuino no busca imponer, sino contrastar. Y en ese contraste surge la posibilidad de crecer.
 
En un mundo donde la polarización premia las posturas extremas y castiga la duda, cultivar criterio propio se convierte en un acto de resistencia y madurez. Implica:
- Documentarse con fuentes diversas, no solo aquellas que confirman lo que ya creemos.
- Razonar críticamente, identificando falacias, sesgos y manipulaciones.
- Extraer una conclusión provisional, sabiendo que puede modificarse con nueva información.
- Asumir la responsabilidad de esa opinión, sin refugiarse en “lo que dice todo el mundo” o “lo que manda la autoridad”.
 
Precisamente por esta visión he creado este blog llamado “Criterios” (en plural). No pretende ser una tribuna de verdades absolutas ni un espacio para convencer a nadie de nada. Su propósito es mucho más humilde y, al mismo tiempo, más ambicioso: recordar la importancia de que cada ser humano desarrolle su propio criterio y, sobre todo, respete el de los demás.
 
En “Criterios” ("Las ideas en el espejo") se comparten reflexiones, análisis y opiniones personales, siempre con la convicción de que ninguna es definitiva. Cada entrada invita al lector a hacer lo mismo: cuestionar, contrastar, formar su juicio. Porque una sociedad sana no se construye con uniformidad de pensamiento, sino con pluralidad de criterios bien fundamentados y con el respeto mutuo como base.
 
Tener criterio propio no es un lujo intelectual; es una herramienta esencial para navegar en la complejidad del mundo actual sin perder la autonomía ni la empatía. Significa vivir con autenticidad, decidir con libertad y, al mismo tiempo, reconocer que el criterio del otro también merece ser escuchado. Porque, en última instancia, nadie tiene la verdad completa… pero todos podemos ayudarnos a seguir en el camino.
 

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