La técnica del cadáver exquisito representa una de las
formas más divertidas y sorprendentes de creación colectiva en la literatura.
Nacida en el seno del surrealismo en la década de 1920, esta metodología
—inicialmente un juego de salón— consiste en que varios autores contribuyan de
manera secuencial y ciega (o casi ciega) a una misma obra, sin conocer en
detalle lo que vendrá después ni poder modificar lo ya escrito.
En su versión literaria más extendida para narrativas
largas, como novelas o relatos extensos, el proceso funciona así: el primer
escritor redacta una sección inicial (unos párrafos, un capítulo o una cantidad
acordada de texto). Luego, pasa el relevo al siguiente participante, quien solo
ve la última línea o las últimas frases del fragmento anterior (a veces, solo
una frase guía) y continúa la historia a su antojo, introduciendo giros,
personajes nuevos, cambios de tono o dirección inesperados. El turno regresa al
primero, que a su vez continúa desde donde lo dejó el anterior, y así sucesivamente,
en rondas que pueden repetirse varias veces hasta completar la obra.
El resultado es una trama imprevisible, llena de sorpresas
constantes tanto para los lectores como para los propios autores, quienes a
menudo se encuentran con desarrollos que nunca hubieran imaginado. La gracia
radica en que, pese a la aparente anarquía, si los participantes mantienen un
mínimo de escucha y coherencia narrativa (respetando personajes principales,
ciertos hilos argumentales o el tono general pactado de antemano), la historia
termina conformando un todo unitario y, en muchos casos, sorprendentemente
coherente.
Esta técnica genera un humor absurdo, giros surrealistas y
una libertad creativa que rompe con la rigidez de la autoría individual. Aunque
se asocia al surrealismo (André Breton y sus compañeros la popularizaron con
frases como «El cadáver exquisito beberá el vino nuevo»), ha trascendido ese
movimiento y se usa hoy en talleres literarios, proyectos colaborativos en
línea y publicaciones experimentales.
Un ejemplo destacado en español de esta técnica aplicada a
una novela completa es “El dulce gorjeo del buitre en celo”, publicada por la
editorial Bubok y firmada por cuatro autores: Vicente Fisac, César Almodóvar,
Teresa Moro y Ana Moro. Esta obra coral, estructurada en 127 episodios, fue
escrita precisamente bajo las reglas del cadáver exquisito: cada escritor
tomaba el relevo del anterior sin saber hacia dónde conduciría la historia,
pero logrando —contra todo pronóstico— una pieza sólida.
La novela combina amor e infidelidad, médicos y
laboratorios, ideales y corrupción, capos y sicarios, diarrea y estreñimiento…
en un cóctel de humor absurdo y surrealista que engancha al lector. Temas tan
dispares como pasiones humanas extremas conviven en una trama que, pese a los
giros imprevisibles, mantiene un hilo argumental que atrapa y hace sonreír. Los
autores, con estilos distintos pero complementarios, consiguen que el resultado
sea una verdadera novela unitaria, donde el humor alcanza el estado de gracia.
Proyectos como este demuestran el potencial del cadáver
exquisito no solo como divertimento, sino como una forma genuina de narrar
colectivamente en la era digital, donde la colaboración a distancia es cada vez
más habitual. En un mundo obsesionado con la autoría, esta técnica
recuerda que la literatura también puede ser un juego imprevisible, lleno de
risas y hallazgos inesperados.
“El dulce gorjeo del buitre en celo”
Una novela coral en donde el humor alcanza el estado de gracia.
https://www.bubok.es/libros/210805/el-dulce-gorjeo-del-buitre-en-celo
“El dulce gorjeo del buitre en celo”
Una novela coral en donde el humor alcanza el estado de gracia.
https://www.bubok.es/libros/210805/el-dulce-gorjeo-del-buitre-en-celo


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