martes, 24 de febrero de 2026

El futuro de los periodistas está… fuera de los medios

El panorama laboral que enfrentan los jóvenes periodistas en España sigue siendo desalentador, marcado por una precariedad estructural que afecta especialmente a las redacciones de los grandes medios de comunicación. Las principales editoriales, condicionadas por intereses políticos y económicos, han optado por nutrir sus plantillas de reporteros con becarios y recién licenciados, a menudo sobrecargados de responsabilidades que superan con creces su experiencia y formación inicial.
 
Estos profesionales de entrada asumen funciones de redacción, cobertura de eventos o elaboración de contenidos con horarios exhaustivos —jornadas que fácilmente superan las 10-12 horas diarias, fines de semana incluidos— y salarios muy bajos. Según datos recientes de informes como el de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) de 2024 y 2025, alrededor del 45% de los periodistas contratados perciben entre 1.000 y 2.000 euros netos mensuales, mientras que otro 37% se sitúa entre 2.000 y 3.000 euros. Para los recién llegados o becarios, la realidad es aún más dura: muchos comienzan con sueldos cercanos a los 1.000-1.500 euros o incluso menos en prácticas mal remuneradas o encubiertas, en un contexto donde la precariedad laboral se consolida como el principal problema de la profesión (mencionado por hasta el 16% de los encuestados en estudios de 2025).
 
Esta dinámica beneficia directamente a las direcciones editoriales, que mantienen costes bajos mientras exigen alta productividad y alineación con las directrices ideológicas o económicas marcadas desde arriba. Los jóvenes periodistas, ilusionados con la idea de llegar algún día al estatus y salario de los veteranos o “popes” del periodismo —que en puestos senior pueden superar los 40.000-50.000 euros anuales—, se ven atrapados en un ciclo de desgaste físico y mental que prioriza la obediencia sobre la creatividad o la investigación profunda.
 
Ante este escenario desolador en los medios tradicionales, afortunadamente existen alternativas laborales más estables y, en muchos casos, mejor remuneradas. Dos vías destacan por su expansión constante en los últimos años: las agencias de comunicación y los gabinetes de prensa de empresas, instituciones y organismos públicos o privados.
 
El sector de la comunicación corporativa ha crecido de forma notable, impulsado por la necesidad de las organizaciones de gestionar su reputación, manejar crisis y mantener una presencia estratégica en un entorno digital saturado. En comparación con los medios, estas áreas ofrecen condiciones más dignas: salarios que, según encuestas recientes, sitúan la mediana entre 25.000 y 30.000 euros anuales en agencias y gabinetes, superando a menudo los sueldos medios de periodistas en medios digitales o audiovisuales (21.000-25.000 euros). Además, proporcionan mayor estabilidad contractual, horarios más razonables y oportunidades de especialización en áreas como comunicación estratégica, relaciones institucionales o manejo de redes sociales.
 
Otra salida cada vez más explorada es el emprendimiento periodístico: montar un medio propio, ya sea un newsletter, un medio digital especializado, un podcast o un proyecto en plataformas como Substack o YouTube. Aunque implica riesgo y requiere habilidades adicionales en gestión y monetización, permite escapar de las directrices impuestas y desarrollar un periodismo más independiente.
 
¿Qué queda entonces para el lector?
 
Unas redacciones en los grandes medios cada vez más faltas de experiencia acumulada y sobradas de líneas editoriales marcadas por intereses externos. La información que consumimos proviene, en buena medida, de fuentes preparadas profesionalmente por esos mismos periodistas que han optado por agencias y gabinetes de prensa. Estas piezas —notas de prensa, dossiers, comunicados o reportajes patrocinados— llegan cada vez mejor elaboradas, con lenguaje cuidado y datos seleccionados.
 
En este contexto, la calidad final de lo que llega al público depende en gran medida de cómo los medios tradicionales manejen esas informaciones: si las toman como base pero las contrastan, enriquecen y publican con la menor contaminación posible (es decir, sin reproducir acríticamente el relato corporativo o institucional), el resultado será más fiable y útil. De lo contrario, el periodismo informativo se diluye en una mera amplificación de agendas ajenas, erosionando aún más la confianza ciudadana en los medios.
 
La profesión periodística necesita urgentemente una reflexión profunda sobre sus condiciones laborales. Solo con plantillas más estables, mejor pagadas y con mayor autonomía editorial se podrá garantizar una información de calidad que realmente sirva al interés público, en lugar de a los intereses de quienes pagan las nóminas. Mientras tanto, los jóvenes periodistas tienen motivos para mirar más allá de las redacciones tradicionales: el futuro del periodismo digno podría estar, paradójicamente, fuera de los grandes medios.
 

“De la Publicidad al Periodismo”:
https://amzn.eu/d/8ifmm6L

No hay comentarios:

Publicar un comentario