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domingo, 21 de junio de 2026

Se ha escapado un color

(Sunday Poetry Corner)
Compartimos este domingo un nuevo poema inédito de Vicente Fisac, añadiendo al final un análisis sobre el mismo que nos ayude a profundizar en su significado y así poder captar en toda su esencia la emotividad que desprende.

 
SE HA ESCAPADO UN COLOR
 
Del arco iris se ha escapado un color.
 
Volando, entre las finas gotas de niebla,
Violeta se ha ido a buscar un buen amigo;
quiere compartir un nuevo mundo
en donde el cielo se curve en sonrisa eterna
y el tiempo sea un mismo instante detenido.
 
Violeta llena el cielo y va pintando los sueños
mientras él, su fiel amigo, echa a volar
y sus alas esparcen pensamientos cual rocío
que alimenta y hace crecer más vivo
eso que está dentro de los dos y ahora se eleva
en estallidos de color, cual fuegos de artificio,
y al caer, cada chispa de luz y de emoción,
es una sonrisa –hecha de dos-
es un verso, una canción,
que llena sus vidas de sentido.”
 
ANÁLISIS:
 
Este poema es una metáfora hermosa y original: un color/persona (el violeta) que se escapa del arco iris para buscar un “nuevo amigo”. Esta fuga simboliza la búsqueda de conexión, la necesidad de compartir y la transformación que ocurre cuando dos seres (o dos almas) se encuentran y se complementan. El tono es lírico, delicado y optimista, con una atmósfera casi mágica y onírica.
 
La búsqueda y el encuentro: El violeta no se escapa por rebeldía, sino por deseo de compartir. Representa la iniciativa de salir de lo conocido (el arco iris, lo preestablecido) para encontrar algo más profundo.
La unión creativa y transformadora: Cuando el violeta encuentra a su “nuevo amigo”, ambos se potencian mutuamente. El resultado no es solo suma, sino multiplicación: sueños, pensamientos, emociones y sentido vital.
El amor o la amistad profunda: La imagen de “sonrisa hecha de dos” y la idea de que algo “dentro de los dos” se eleva y estalla en color sugiere una relación (romántica o de amistad intensa) que da sentido a la existencia.
Personificación: El color violeta actúa como un ser vivo con voluntad propia (“se ha ido a buscar”, “quiere compartir”, “llena el cielo y va pintando”). Esto hace que la abstracción cobre vida y emoción.
Imaginería sensorial visual (arco iris, gotas de niebla, cielo que se curva en sonrisa, fuegos de artificio, chispa de luz y color), táctil y vital (rocío que alimenta y hace crecer, estallidos, elevarse).

Metáforas:
 
“El cielo se curve en sonrisa eterna” → imagen de felicidad cósmica.
“Sus alas esparcen pensamientos cual rocío” → los pensamientos se convierten en algo vivo y nutriente.
“Sonrisa hecha de dos” → síntesis perfecta de la unión.
Ritmo y musicalidad
 
El poema fluye con naturalidad. Hay un ritmo suave, casi como el vuelo que describe, con versos de longitud variable que dan ligereza. El poema transmite, en definitiva, la magia del encuentro y la fertilidad emocional que surge cuando dos seres se encuentran y se dejan transformar el uno por el otro.
 

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domingo, 14 de junio de 2026

Rosa

(Sunday Poetry Corner)
Hoy compartimos y analizamos un poema inédito de Vicente Fisac. En el mismo, el color rosa (y la memoria del ser amado que lo personifica) se transforma no sólo algo que se ve, sino en algo que se respira, se toca y, sobre todo, se necesita. 

Un poema que merece ser degustado como un susurro, como una confidencia…
 
ROSA
 
Rosa es el color de tu persona,
esa cálida luz que se desprende
más allá de las fronteras de tu piel,
inundando el espacio, generosa,
confortando mi alma tan sedienta
de sentir tu amor entre los labios
y el latir del corazón acompasado.
 
Rosa es el calor con que me abrigas
cuando apoyo mi cabeza en tu recuerdo,
y los brazos silenciosos de la noche
nos descubren lo que somos,
dos quimeras, pensamientos
viajando en la galaxia del deseo,
el calor de ese amor que es compañero
y el brillo de la luz en el destierro.
 
ANÁLISIS:
 
Este poema es una delicada declaración de amor que utiliza el color rosa como eje central y metáfora principal. Lejos de ser una simple descripción cromática, el rosa se convierte aquí en una presencia viva, casi etérea: no es solo un tono, sino una luz cálida, un calor envolvente y una energía generosa que trasciende el cuerpo físico.
 
Estructura y ritmo
 
El poema se divide en dos estrofas de siete versos cada una, lo que le confiere una simetría serena y equilibrada. El ritmo es fluido, con versos de medida media-larga que fluyen con naturalidad, casi como una respiración pausada. La repetición del “Rosa es…” al inicio de ambas estrofas actúa como un ancla melódica, reforzando la idea de que todo lo que se describe emana de esa misma fuente luminosa y afectiva.
 
Imágenes y lenguaje sensorial
 
El gran acierto del poema reside en cómo se hace tangible lo intangible. El rosa no se queda en lo visual: se transforma en luz que se desprende más allá de la piel, en calor que abriga, en latir acompasado del corazón y en brazos silenciosos de la noche. Destacan especialmente las imágenes que mezclan lo corporal y lo cósmico:
“inundando el espacio, generosa” → transmite una generosidad casi maternal o divina del amor.
“dos quimeras, pensamientos viajando en la galaxia del deseo” → uno de los versos más bellos y originales del poema. Une lo íntimo (el deseo) con lo inmenso (la galaxia), sugiriendo que el amor de la pareja es a la vez algo muy personal y algo universal, casi mítico.
 
La sensualidad aparece de forma suave y elegante en “sentir tu amor entre los labios”, sin caer en lo explícito, manteniendo un tono lírico y respetuoso.
 
Temática y profundidad emocional
 
Más allá del amor romántico, el poema explora la ausencia y el recuerdo. El segundo verso de la segunda estrofa (“cuando apoyo mi cabeza en tu recuerdo”) revela que la persona amada puede no estar físicamente presente; sin embargo, su esencia rosa sigue siendo capaz de abrigar y consolar. El cierre es especialmente emotivo: el amor se presenta como “compañero” en el “destierro”, una palabra potente que sugiere soledad, distancia o incluso exilio emocional. Frente a esa sensación de destierro, el rosa actúa como luz y calor que redime, que da sentido y compañía.
 
“ROSA” es, en definitiva, un poema intimista y cálido, donde el color se eleva a símbolo de una presencia amorosa que trasciende lo físico y lo temporal. El color lo transforma en una entidad viva y consoladora, capaz de inundar el espacio, abrigar en la noche y acompañar en el destierro.
 

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domingo, 7 de junio de 2026

El dolor como vínculo, la amistad como orilla

(Sunday Poetry Corner)
Hoy compartimos en nuestro rincón dominical de la Poesía, esta composición poética de Gaspar Fisac Orovio (1859-1937), dirigida a una buena amiga suya. La escribió en diciembre de 1889 y la publicó en el nº 405 del periódico “El Eco de Daimiel” que dirigía, y en el que siempre se dedicaba un pequeño rincón a la poesía. 

Al final del poema incluimos un análisis sobre el mismo...
 
A MI DISTINGUIDA AMIGA CLAUDINE
 
I
Si en alas del placer, con loco empeño,
fugaces pasan para ti las horas,
si siempre escuchas del rendido dueño
las promesas de amor halagadoras,
si el grato despertar de dulce ensueño
no lo amarga el dolor, si nunca lloras,
no canto para ti, que es vano intento
turbar tu dicha con mi triste acento.
 
II
Mas tú conocerás a ese tirano
que el blando ritmo del latido altera,
que el alma oprime con alevosa mano
y hace gemir con aflicción postrera;
tú habrás sentido su veneno insano
en fiera lucha con su garra fiera...
¿Quién no ha sufrido del dolor el yugo
si es de la pobre humanidad verdugo?
 
III
Un instante no más, el triste instante
en que sentiste su ponzoña fría,
quiero evocar en ti, porque es bastante
que haya entrado en tu pecho un solo día,
para que cuando yo mis penas cante
encuentre un eco en tu aflicción la mía...
¡Un eco de amistad sagrado y tierno,
grande como el dolor, como él eterno!
 
IV
No extrañes, fiel amiga, que yo anhele
encontrarte en la cárcel del tormento;
la ley de la atracción que a ti me impele,
la afinidad tal vez del sentimiento,
hacen que el alma en mis suspiros vuele
como la alondra por el vago viento,
buscando al remontarse quien recoja
los trinos con que exhala su congoja.
 
V
Corre el arroyo al caudaloso río
y el río corre al turbulento mar;
vuela el ave atraída al bosque umbrío,
que allí la llama arrullador cantar;
en la etérea región, en el vacío,
los astros se persiguen sin cesar;
natura muestra en su perenne vida
que está en la ley de la atracción nacida.
 
VI
¡La ley de la atracción! Divina escala
que van todos los seres recorriendo,
de igual modo el que ostenta rica gala,
que el que va los despojos recogiendo;
los suspiros que el pecho en ella exhala,
cual afinadas notas, van subiendo
hasta llegar, cuando se eleva el alma
atraída por Dios, a eterna calma.
 
VII
Fecunda inspiración, amante anhelo,
bastardas ambiciones, sed de gloria,
amor al bien y criminal desvelo,
vosotros sois de la atracción la historia,
del tomo impalpable al ancho cielo,
del instinto del bruto a la memoria,
cuanto en el mundo gira y vive y piensa,
cede a esa fuerza incontrastable, inmensa.
 
VIII
Nada a esa ley universal resiste,
que infinito es su impulso y poderío,
y ya que en mi alma su influencia existe,
cuando llegue a tu pecho el canto mío,
renazca de su fondo el llanto triste
cual de profundo manantial el río,
que no será tu corazón de roca
si el oleaje del dolor te toca.
 
IX
Llora, llora conmigo en el instante
que aquestas rimas cuidadosa leas,
pues tal vez lejos de tu fiel amante,
contra tu eterna aspiración te veas,
quizá al soñar felicidad constante
cuando despiertes desgraciada seas,
y si tal infortunio te tortura
comprenderás mi amarga desventura.
 
X
Apenas pude dirigir los ojos
hacia el camino que el amor seguía:
quise apagar la sed de mis antojos
libando cuantas flores me ofrecía;
yo no vi en el sendero los abrojos,
solo las flores con placer veía,
y al bajarme embriagado hasta besarlas,
el dolor me hizo al punto abandonarlas.
 
XI
De irresistible impulso poseído
seguí de amor la luminosa huella,
y al fin pude admirar, de gozo henchido
su imagen casta, esplendorosa y bella...
¿Pero qué infeliz náufrago herido
logra mirando la polar estrella,
si no encuentra al rendirse de fatiga
la salvadora mano de la costa amiga?
 
XII
¡Bendita la amistad! Orilla amena
del desierto camino de la vida,
de gayas flores y de aromas llena,
al caminante a descansar convida;
y es la que nace en el dolor tan buena
que cura el alma en invisible herida,
es la atracción del mundo de la idea,
la amistad del dolor... ¡Bendita sea!
 
ANÁLISIS:
(Por Claude)
 
El poema pertenece a una tradición muy característica de la lírica española de la segunda mitad del siglo XIX: la poesía de circunstancias, escrita para una persona concreta y publicada en la prensa local como gesto a la vez íntimo y público. Que Gaspar Fisac lo dedicara a «una distinguida amiga» y lo publicara en el periódico que dirigía, dice mucho de los usos sociales y literarios de la época: la amistad se celebraba, y la poesía era el vehículo natural para hacerlo.
 
La forma.
El poema se articula en doce octavas reales —estrofas de ocho versos endecasílabos con rima consonante ABABABCC—, una forma de raigambre clásica que en 1889 convive ya con los primeros ecos del Modernismo que llegará desde América. Fisac Orovio se mueve en la estética del Romanticismo tardío, con sus temas predilectos: el dolor, el destino, la naturaleza como espejo del alma y la búsqueda de un interlocutor que comprenda el sufrimiento del poeta.
 
La estructura argumental.
El poema se construye sobre una estrategia retórica muy elegante: el poeta no se dirige a Claudine para celebrar su felicidad, sino para invocar el recuerdo de su propio dolor. En las primeras estrofas (I-III) establece la premisa: si tú nunca has sufrido, este poema no es para ti; pero si alguna vez has conocido el dolor —aunque sea por un instante—, entonces podemos entendernos. Es una invitación a la complicidad emocional, casi una condición de lectura.
Las estrofas centrales (IV-VIII) desarrollan el concepto filosófico que vertebra el poema: la ley de la atracción universal. Aquí Fisac Orovio despliega una visión del mundo que conecta la física —el río que corre al mar, los astros que se persiguen— con lo espiritual y lo afectivo. Todo en el universo se atrae; el alma del poeta busca un eco en el alma de su amiga por la misma ley que mueve los planetas. Es un planteamiento que recuerda al Romanticismo alemán y a poetas como Bécquer, pero con una dimensión más filosófica y casi científica, muy propia de una época en que el positivismo y el espiritualismo conviven en tensión.
Las estrofas finales (IX-XII) vuelven a lo personal: el poeta confiesa su propio naufragio amoroso —las flores del camino que resultaron tener espinas, la imagen amada que no supo tender la mano salvadora— y encuentra el consuelo donde siempre lo encuentra la tradición: en la amistad. La estrofa final es la más bella del poema, con esa imagen de la amistad como «orilla amena / del desierto camino de la vida». No es un tópico vacío: ha sido ganada a lo largo de las once estrofas anteriores.
 
El lenguaje.
El vocabulario es el del Romanticismo en su fase más madura: «yugo», «ponzoña», «abrojos», «náufrago», «verdugo». La naturaleza aparece constantemente como analogía del estado anímico —el arroyo, el río, el mar, la alondra, el bosque—, procedimiento que Bécquer había llevado a su máxima expresión unas décadas antes. Hay momentos de notable tensión expresiva, como esa «fiera lucha con su garra fiera» de la segunda estrofa, donde la reduplicación, aunque algo torpe, transmite bien la violencia del sufrimiento.
 
El contexto.
Diciembre de 1889 es un momento bisagra en la literatura española. Bécquer lleva ya casi veinte años muerto; Rubén Darío publicará Azul al año siguiente, inaugurando el Modernismo. Gaspar Fisac Orovio escribe desde una ciudad de provincias —Daimiel, en Ciudad Real— y publica en el periódico local, ajeno probablemente a las vanguardias que se cuecen en las capitales y en América. Su poesía es la de un hombre culto, sensible, formado en los clásicos y empapado del Romanticismo, que escribe con sinceridad y con oficio. No es Bécquer, pero tampoco lo pretende: es un poeta de su tiempo y de su lugar, y en ese marco el poema funciona con dignidad y con momentos de genuina belleza.

Lo más conmovedor, quizás, es pensar que ese poema —escrito para una amiga llamada Claudine, publicado en un pequeño periódico de La Mancha, en diciembre de 1889— ha llegado hasta aquí, ciento treinta y seis años después, para ser leído de nuevo. Eso también es, a su manera, la ley de la atracción.


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