domingo, 22 de febrero de 2026

Decálogo por la PAZ

La fuerza del pensamiento es mucho más poderosa de lo que solemos creer. Cada idea que albergamos, cada actitud que adoptamos conscientemente, moldea no solo nuestra vida, sino el mundo que compartimos. 

Cuando dirigimos nuestra mente hacia la empatía, la equidad y el respeto, contribuimos activamente a construir una paz verdadera: no la ausencia de conflicto, sino la presencia de armonía, justicia y comprensión mutua.
 
“Decálogo por la Paz”
 
1.- Contribuyo a la paz cuando pongo mis mejores cualidades —generosidad, creatividad, bondad— al servicio de toda la humanidad, sin esperar nada a cambio.

2.- Contribuyo a la paz cuando escucho con apertura y respeto las opiniones que difieren de las mías, aunque no las comparta, porque el diálogo enriquece y no divide.

3.- Contribuyo a la paz cuando considero que los derechos y las propiedades de los demás merecen exactamente la misma protección y cuidado que los míos.

4.- Contribuyo a la paz cuando respeto lo que otros han conseguido con esfuerzo honesto, sin envidia ni deseo de arrebatárselo.

5.- Contribuyo a la paz cuando defiendo para todos las mismas oportunidades que yo hubiera deseado tener al nacer: educación, salud, dignidad, esperanza.

6.- Contribuyo a la paz cuando reconozco que ninguna raza, etnia ni origen es superior ni inferior; todos somos parte de la misma familia humana.

7.- Contribuyo a la paz cuando veo los recursos de la naturaleza —agua, aire, suelo, bosques— como un patrimonio común de toda la humanidad, no como botín privado.

8.- Contribuyo a la paz cuando acepto y celebro que las personas tienen derecho a pensar, creer y vivir de formas distintas a la mía, siempre que no dañen a otros.

9.- Contribuyo a la paz cuando recuerdo que en la vida de cada ser humano hay valores mucho más profundos que el poder, la fama o la riqueza acumulada.

10.- Contribuyo a la paz cuando decido que mi mente y mis acciones se guíen por la razón, la tolerancia y el respeto mutuo, y nunca por la imposición o la fuerza.
 
Sin embargo la Paz es algo tan grande y tan preciado que los diez puntos de un decálogo se quedan cortos. No deberíamos olvidar tampoco este último punto:
 
Bonus track.- Contribuyo a la paz cuando honro el derecho de cada persona a construir su propio concepto de lo divino, de lo trascendente o del sentido de la existencia, sin imponer el mío.
 
Este “Decálogo por la Paz” no es una lista de obligaciones pesadas, sino un mapa de actitudes que pueden transformar el día a día. No se trata de ser perfecto, sino de elegir conscientemente pensamientos que siembren concordia en lugar de discordia. Imprímelo, guárdalo en el móvil, ponlo en la nevera o compártelo. Cada vez que lo leas y lo hagas tuyo, estarás ejerciendo el poder inmenso del pensamiento orientado hacia la paz. Porque la paz mundial comienza —y se sostiene— en la paz que cada uno decide cultivar en su propia mente. Y aunque sólo fuese por egoísmo: si te sientes en paz, serás feliz.
 

“No son coincidencias”:
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