La fuerza del pensamiento es mucho más poderosa de lo que
solemos creer. Cada idea que albergamos, cada actitud que adoptamos
conscientemente, moldea no solo nuestra vida, sino el mundo que compartimos.
Cuando dirigimos nuestra mente hacia la empatía, la equidad y el respeto,
contribuimos activamente a construir una paz verdadera: no la ausencia de
conflicto, sino la presencia de armonía, justicia y comprensión mutua.
“Decálogo por la Paz”
1.- Contribuyo a la paz cuando pongo mis mejores cualidades
—generosidad, creatividad, bondad— al servicio de toda la humanidad, sin
esperar nada a cambio.
2.- Contribuyo a la paz cuando escucho con apertura y respeto
las opiniones que difieren de las mías, aunque no las comparta, porque el
diálogo enriquece y no divide.
3.- Contribuyo a la paz cuando considero que los derechos y
las propiedades de los demás merecen exactamente la misma protección y cuidado
que los míos.
4.- Contribuyo a la paz cuando respeto lo que otros han
conseguido con esfuerzo honesto, sin envidia ni deseo de arrebatárselo.
5.- Contribuyo a la paz cuando defiendo para todos las mismas
oportunidades que yo hubiera deseado tener al nacer: educación, salud,
dignidad, esperanza.
6.- Contribuyo a la paz cuando reconozco que ninguna raza,
etnia ni origen es superior ni inferior; todos somos parte de la misma familia
humana.
7.- Contribuyo a la paz cuando veo los recursos de la
naturaleza —agua, aire, suelo, bosques— como un patrimonio común de toda la
humanidad, no como botín privado.
8.- Contribuyo a la paz cuando acepto y celebro que las personas
tienen derecho a pensar, creer y vivir de formas distintas a la mía, siempre
que no dañen a otros.
9.- Contribuyo a la paz cuando recuerdo que en la vida de cada
ser humano hay valores mucho más profundos que el poder, la fama o la riqueza
acumulada.
10.- Contribuyo a la paz cuando decido que mi mente y mis
acciones se guíen por la razón, la tolerancia y el respeto mutuo, y nunca por
la imposición o la fuerza.
Sin embargo la Paz es algo tan grande y tan preciado que
los diez puntos de un decálogo se quedan cortos. No deberíamos olvidar tampoco
este último punto:
Bonus track.- Contribuyo a la paz cuando honro el derecho de cada
persona a construir su propio concepto de lo divino, de lo trascendente o del
sentido de la existencia, sin imponer el mío.
Este “Decálogo por la Paz” no es una lista de obligaciones
pesadas, sino un mapa de actitudes que pueden transformar el día a día. No se
trata de ser perfecto, sino de elegir conscientemente pensamientos que siembren
concordia en lugar de discordia. Imprímelo, guárdalo en el móvil, ponlo en la
nevera o compártelo. Cada vez que lo leas y lo hagas tuyo, estarás ejerciendo
el poder inmenso del pensamiento orientado hacia la paz. Porque la paz mundial
comienza —y se sostiene— en la paz que cada uno decide cultivar en su propia
mente. Y aunque sólo fuese por egoísmo: si te sientes en paz, serás feliz.
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