Se viene hablando desde hace mucho tiempo de la “medicina
basada en la evidencia” y todos hemos visto y/o padecido el poco tiempo del que
disponen los médicos para atender a cada paciente. Esa falta de tiempo se suple
con los avances tecnológicos y la solicitud de realización de numerosas pruebas.
Serán los datos analíticos de las exploraciones realizadas por máquinas, las
que ofrezcan al médico los parámetros necesarios para establecer en segundos el
diagnóstico y tratamiento a seguir. Al salir de la consulta, el médico no
recordará el color de nuestros ojos, ni conocerá el tipo de vida y ambiente
familiar en el que nos movemos, ni las razones que nos impulsan a querer seguir
adelante o a no seguir.
Son muchas las voces que vienen reclamando “tiempo” como
el mayor tesoro que puede ofrecer el médico a sus pacientes. Los médicos
quieren recuperar el humanismo en Medicina (pero no les dejan), y los pacientes
también (pero se resignan y se conforman con las recetas).
Todos deberíamos luchar porque la “medicina basada en la
evidencia” se cambie por la “medicina basada en la afectividad”. El cariño, el
amor, el respeto, la comprensión... son los mejores medicamentos y sólo
necesitan un poco de tiempo y de buena voluntad para que puedan aplicarse y
todos nos beneficiemos de ellos. Desde luego nada más lejos de esto que el
panorama actual de consultas por teléfono, renovación automática anual de las
prescripciones sin ni siquiera ver al paciente, tiempo mínimo para consultas presenciales,
y cero tiempo para escuchar al paciente e interesarse por su actividad, estilo
de vida y entorno profesional y humano (porque ahí puede radicar en muchas
ocasiones el verdadero problema, cuya solución posiblemente no necesite ninguna
medicación sino sólo un cambio en su estilo de vida).
Yo me atrevería a decir que el mejor médico no es el
número uno de su promoción, ni el más prestigioso, ni el que más
reconocimientos profesionales ha recibido, sino aquél que dedica más tiempo,
hace preguntas y escucha las respuestas, manda un tratamiento (que no tiene por
qué ser siempre farmacológico) y lo explica, asegurándose a continuación de que
el paciente lo haya entendido, y finalmente lo vuelve a citar para seguir la
evolución.
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