domingo, 8 de marzo de 2026

Esto es tendencia

Hace unas décadas, era habitual ver en las cubiertas de muchos libros —y también en discos, electrodomésticos o productos de lo más variopinto— una franja llamativa con la leyenda «Anunciado en TV». Para gran parte del público, esa simple frase funcionaba como un sello de garantía irresistible. En el fondo operaba un mecanismo psicológico casi automático: «Si lo anuncian en televisión, significa que lo va a comprar mucha gente… así que yo también debo tenerlo. No puedo quedarme atrás, no puedo ser el raro, ¿qué dirán los demás si se enteran de que no lo tengo?».
 
Y lo compraban. Daba igual la calidad del contenido, daba igual que esa persona apenas leyera un libro al año (o ninguno). Lo único relevante era pertenecer, formar parte del grupo, no desentonar.
 
Los publicitarios lo sabían perfectamente. Bastaba con emitir uno o dos spots —a veces en horarios de poca audiencia, que son más baratos— para poder colocar esa franja sin mentir. No era publicidad engañosa: el producto se había anunciado en televisión. Punto. Con eso sobraba para activar el instinto de imitación masiva. El libro acababa en la estantería del salón como trofeo visible para las visitas, se mencionaba en la oficina o con los amigos mientras duraba la moda… y después, olvidado en un rincón, sin una sola página leída.
 
Eso ocurría hace varias décadas. Pero el mecanismo no ha desaparecido: solo ha cambiado de canal. Hoy el equivalente moderno es la etiqueta invisible pero omnipresente de «es tendencia». Una prenda, un destino turístico, un gadget, un reto absurdo o un filtro de stories se viraliza en redes y, de repente, miles (millones) corren a imitarlo. Da igual si realmente lo necesitan, si les gusta de verdad o si les sienta bien. Lo importante es estar dentro, formar parte de la conversación, no ser el que se queda fuera de la foto.
 
En el fondo sigue mandando lo mismo de siempre: el instinto gregario, esa necesidad tan humana (y tan animal) de no quedarse aislado del rebaño. Por eso, la próxima vez que sientas el impulso de sumarte a una moda solo porque «todo el mundo lo está haciendo», párate un segundo y hazte una pregunta sencilla pero devastadora: «¿Realmente necesito esto… o solo estoy buscando que me acepten?». La respuesta honesta suele ser clarísima. Y cuando la escuchas de verdad, te ahorras tiempo, dinero y, sobre todo, un pedacito más de tu propia individualidad. Ser diferente no es un castigo; a veces es la única forma de no traicionarte.


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