viernes, 13 de marzo de 2026

Ni siquiera te puedes fiar de los que ves con tus propios ojos

La imagen que ves adjunta es una obra de arte que parece moverse, pero en realidad está completamente quieta. Se trata de “Enigma”, creada por la artista Isia Leviant (artista franco-israelí, fallecida en 2006). Desde que la pintó alrededor de 1981-1984, millones de personas han observado cómo los anillos concéntricos de color (especialmente los morados y rosas) parecen fluir, girar o tener pequeñas “bolas” que se desplazan en círculos, a veces en un sentido y otras en el contrario. Es fascinante: miras fijamente el centro y sientes movimiento donde no lo hay.
 
Estas ilusiones ópticas que generan una falsa sensación de movimiento en imágenes fijas se conocen como ilusiones de movimiento periférico o ilusiones de deriva periférica. “Enigma” es uno de los ejemplos más famosos y potentes del arte óptico (op art). Durante décadas, científicos y artistas se preguntaron: ¿por qué vemos movimiento si la imagen no se mueve? ¿Es cosa del cerebro o de los ojos?
 
En 2008, un equipo de investigadores encontró la respuesta científica más convincente hasta la fecha. El estudio fue liderado por neurocientíficos del Instituto Neurológico Barrow (Barrow Neurological Institute) en Phoenix, Arizona (Estados Unidos), en colaboración con investigadores de la Universidad de Vigo (España). Entre los autores principales estaban Susana Martinez-Conde, Xoana G. Troncoso y otros colegas.Publicaron sus resultados en la prestigiosa revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) y demostraron que el culpable principal es un tipo de movimiento ocular muy pequeño e inconsciente llamado microsaccades (microsácadas en español).
 
¿Qué son las microsaccades?
 
Nuestros ojos nunca están completamente quietos, ni siquiera cuando fijamos la mirada en un punto. Aunque creamos que miramos fijo, los ojos realizan movimientos diminutos y rápidos todo el tiempo:
Microsaccades: pequeños saltos rápidos (como mini-sacadas) de apenas unos minutos de arco (muy poquito).
Temblor ocular (ocular tremor): vibraciones aún más pequeñas y constantes.
Deriva ocular: desplazamientos lentos.
 
Estos movimientos son normales y necesarios: ayudan a que las células de la retina no se “acostumbren” a la misma imagen y dejen de enviarla al cerebro (si los ojos estuvieran 100 % inmóviles, veríamos todo gris al cabo de unos segundos). En el caso de “Enigma”, los patrones repetitivos de líneas radiales negras y blancas combinadas con los anillos de color crean un contraste muy fuerte. Cuando se producen las microsaccades, el cerebro interpreta mal esos pequeños cambios de posición en la imagen estática y los “lee” como si fueran movimiento real en los anillos.
 
Los investigadores lo demostraron midiendo los ojos de voluntarios mientras miraban la imagen:
Cuando las microsaccades eran más frecuentes y rápidas → la ilusión de movimiento era más intensa.
Cuando las microsaccades disminuían (por ejemplo, en momentos de fijación muy estable) → el movimiento aparente se ralentizaba o desaparecía.
 
Esto permitió descartar la idea de que la ilusión se originaba solo en el cerebro (en áreas de procesamiento visual superiores), como se pensaba antes. Aunque el cerebro interpreta y amplifica la señal, el desencadenante principal está en los movimientos oculares involuntarios.
 
¿Por qué nos engaña tanto esta imagen en concreto?
El diseño de Leviant es muy efectivo porque combina:
Líneas radiales en blanco y negro (como rayos que salen del centro).
Anillos concéntricos de colores contrastados.
Patrones repetitivos que “confunden” al sistema visual cuando los ojos se mueven ligeramente.
 
No todo el mundo ve el movimiento con la misma intensidad (depende de cada persona, de cómo fija la mirada y hasta del cansancio ocular), pero la mayoría lo percibe si mira el centro durante unos segundos.
 
Esta ilusión no es única: hay muchas similares (como las famosas “serpientes rotantes” de Akiyoshi Kitaoka), pero “Enigma” sigue siendo un clásico que ayudó a entender mejor cómo funcionan nuestros ojos y nuestro cerebro.
 
Así que no lo olvides: Ni siquiera te puedes fiar de los que ves con tus propios ojos.
 

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