lunes, 16 de marzo de 2026

Hoy nos metemos con…

«Vamos a meternos con…». Esa parece ser la consigna tácita de muchos redactores (seguramente siguiendo consignas de sus responsables) cada vez que deben llenar el espacio asignado en su medio.
 
El procedimiento es casi siempre idéntico: se escoge un tema de actualidad —cualquiera sirve— y, al tratarlo, se introduce de forma más o menos forzada un ataque contra el personaje o grupo que se ha señalado como objetivo. Cuando no hay un asunto reciente que permita ese enlace natural, la solución es aún más sencilla: lanzar preguntas retóricas, insinuar hipótesis sin fundamento, sugerir escenarios improbables o simplemente sembrar dudas.
 
El resultado final rara vez es información propiamente dicha. Lo que se ofrece es una intoxicación mediática calculada para condicionar la percepción del lector. De esta manera, el medio (sea periódico, radio, televisión o portal digital) deja de estar al servicio del público y pasa a convertirse en instrumento al servicio de los intereses de sus propietarios o directivos. La verdad factual queda subordinada —o directamente ignorada— en favor de la agenda editorial.
 
No es casualidad que una parte significativa de la audiencia de estos medios acuda a ellos con una motivación casi deportiva: “a ver con quién se meten hoy”, “a ver qué barbaridad dicen ahora contra fulano”. Ese morbo sustituye a la búsqueda de rigor informativo y, paradójicamente, termina reforzando el modelo: cuanto más sectario y previsible sea el ataque, más fiel se mantiene el público cautivo.
 
En definitiva, lo que se presenta como “periodismo” es, con demasiada frecuencia, mera propaganda encubierta de información, y el lector, lejos de ser ciudadano informado, acaba convertido en consumidor de dosis diarias de indignación prefabricada.
 

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