Vamos a repasar hoy el “Decálogo de los 10 NO del ser
humano trabajador” para conseguir una conciliación real y una igualdad sin
distinciones tanto para hombres como para mujeres (de ahí que hablemos de “ser
humano” para que sea aplicable por igual tanto a hombres como a mujeres).
1.- NO renuncies a tu vida personal por tu vida
profesional, ni al revés.
Conciliar ambas es un derecho irrenunciable. Desterremos de una vez el mito de que progresar profesionalmente exige descuidar la familia o la vida privada. Conciliar no significa trabajar menos, sino trabajar mejor, de forma más eficaz y productiva. Esto lo deben exigir y practicar tanto hombres como mujeres.
2.- La casa NO es un segundo empleo.
Las tareas domésticas y el cuidado del hogar no son “cosa de mujeres”. La gestión del hogar forma parte de la vida personal de todas las personas y sus responsabilidades deben compartirse equitativamente. Si ambos trabajan fuera de casa, la carga se reparte al 50 %.
3.- NO aceptes nunca la expresión “mi pareja ayuda en
casa”.
En el hogar y con los hijos, nadie “ayuda”: se comparte en igualdad de condiciones. El verbo “ayudar” implica que una persona es la responsable principal y la otra solo colabora. Esa mentalidad debe desaparecer.
4.- NO asumas en solitario la educación y el cuidado de
tus hijos.
Los hijos son responsabilidad compartida. Es fundamental que el niño o la niña perciba que ambos progenitores desempeñan el mismo papel. No debe quedar la imagen de que “papá trabaja y mamá se ocupa de todo” o viceversa.
5.- Aprende a decir NO en el trabajo.
Es esencial saber rechazar peticiones que no corresponden a tus funciones o que suponen una ampliación indebida de tu jornada. Decir NO con respeto y asertividad protege tu tiempo y tu salud. Esto vale exactamente igual para hombres y mujeres.
6.- NO estamos en el siglo XX.
Los roles tradicionales que asignaban al hombre el trabajo fuera de casa y a la mujer el cuidado del hogar ya no tienen sentido en la sociedad actual. Mantener ese reparto solo perpetúa desigualdades. Hoy corresponde una distribución equitativa de obligaciones y derechos.
7.- Los hijos NO son un lujo, son un derecho y una gran
responsabilidad.
Tener hijos y dedicarles el tiempo necesario es un derecho natural. Nadie debe insinuar que son un capricho o un obstáculo profesional. La sociedad y las empresas deben facilitar, no penalizar, el ejercicio de ese derecho.
8.- La conciliación NO es un favor que te hace la empresa.
Reclamar tiempo para conciliar no requiere justificación, ni las empresas otorgan un privilegio cuando lo conceden. Es un derecho laboral y un elemento clave de bienestar y productividad que beneficia a toda la organización.
9.- NO permitas que se incumpla sistemáticamente tu
jornada laboral.
Exige que tu horario termine a la hora establecida y que se respeten rigurosamente los permisos, reducciones de jornada y derechos que te corresponden. Cumplir la jornada es tan importante como respetarla.
10.- NO des tu causa por perdida.
Reclama tus derechos con constancia, al tiempo que cumples con tus deberes. Solo así las empresas, las administraciones y la sociedad avanzarán hacia una verdadera igualdad.
La igualdad no consiste en pasar privilegios de unos a otros; consiste en compartir al 50 % tanto las obligaciones como los derechos y beneficios, entre hombres y mujeres trabajadores.
Por unos horarios más racionales
En definitiva, la racionalización de los horarios
laborales en España no es un capricho: es una necesidad urgente y una palanca
de progreso social y económico. Humanizar los horarios, hacerlos convergentes
con los de los países de nuestro entorno, no es retroceder: es modernizar el
país y construir una sociedad más justa, saludable y productiva. No se trata de
trabajar menos sino de trabajar a pleno rendimiento (sin distracciones, sin
charlas de pasillo, sin descansos exagerados, etc.) las horas que correspondan,
tal como se hace en los países europeos avanzados
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Conciliar ambas es un derecho irrenunciable. Desterremos de una vez el mito de que progresar profesionalmente exige descuidar la familia o la vida privada. Conciliar no significa trabajar menos, sino trabajar mejor, de forma más eficaz y productiva. Esto lo deben exigir y practicar tanto hombres como mujeres.
Las tareas domésticas y el cuidado del hogar no son “cosa de mujeres”. La gestión del hogar forma parte de la vida personal de todas las personas y sus responsabilidades deben compartirse equitativamente. Si ambos trabajan fuera de casa, la carga se reparte al 50 %.
En el hogar y con los hijos, nadie “ayuda”: se comparte en igualdad de condiciones. El verbo “ayudar” implica que una persona es la responsable principal y la otra solo colabora. Esa mentalidad debe desaparecer.
Los hijos son responsabilidad compartida. Es fundamental que el niño o la niña perciba que ambos progenitores desempeñan el mismo papel. No debe quedar la imagen de que “papá trabaja y mamá se ocupa de todo” o viceversa.
Es esencial saber rechazar peticiones que no corresponden a tus funciones o que suponen una ampliación indebida de tu jornada. Decir NO con respeto y asertividad protege tu tiempo y tu salud. Esto vale exactamente igual para hombres y mujeres.
Los roles tradicionales que asignaban al hombre el trabajo fuera de casa y a la mujer el cuidado del hogar ya no tienen sentido en la sociedad actual. Mantener ese reparto solo perpetúa desigualdades. Hoy corresponde una distribución equitativa de obligaciones y derechos.
Tener hijos y dedicarles el tiempo necesario es un derecho natural. Nadie debe insinuar que son un capricho o un obstáculo profesional. La sociedad y las empresas deben facilitar, no penalizar, el ejercicio de ese derecho.
Reclamar tiempo para conciliar no requiere justificación, ni las empresas otorgan un privilegio cuando lo conceden. Es un derecho laboral y un elemento clave de bienestar y productividad que beneficia a toda la organización.
Exige que tu horario termine a la hora establecida y que se respeten rigurosamente los permisos, reducciones de jornada y derechos que te corresponden. Cumplir la jornada es tan importante como respetarla.
Reclama tus derechos con constancia, al tiempo que cumples con tus deberes. Solo así las empresas, las administraciones y la sociedad avanzarán hacia una verdadera igualdad.
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