Hay muchos periodistas que invocan la “imparcialidad” cuando
en realidad practican la in-parcialidad: es decir, consideran que estar a la
última (ser muy “in”) consiste precisamente en ser descaradamente parcial.
Es fácil reconocer el patrón: abordan cualquier tema con
una proclama inicial cargada de certeza moral, se presentan como portavoces de
“la verdad” (que siempre coincide con la suya) y, para dar apariencia de rigor,
citan a continuación a una serie de “expertos” o “fuentes”… que casualmente
comparten exactamente su misma visión. La idea de incluir una opinión
discrepante ni siquiera les roza la mente.
Cuando detectes este truco tan repetido, la respuesta más
sana y eficaz es sencilla: pasar página o cambiar de canal.
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