Las cosas no son de un color u otro sino que siempre
tienen mezcla de algo. Por eso, a la hora de emitir nuestras opiniones,
deberíamos ser los más imparciales posibles, entendiendo que nadie hace todo
bien y nadie hace todo mal. De todos y cada uno de nosotros hay algo que
podemos tomar como ejemplo a seguir y algo que podemos tomar como error a
evitar. No deberíamos dejarnos llevar nunca por juicios preconcebidos ni por posturas
fundamentalistas. La opinión debe estar construida sobre los hechos y el razonamiento, no
sobre el apasionamiento.
Tratemos de buscar lo que de bueno y positivo hay en cada
uno (que siempre hay algo), seamos imparciales pero también justos, denunciando
y reclamando responsabilidades a quien las merezca. Pero no nos dejemos llevar
por los apasionamientos ni por las ideas preconcebidas; que los hechos sean la
base de nuestros pronunciamientos.
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