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sábado, 11 de abril de 2026

Imparcialidad no es in-parcialidad

Hay muchos periodistas que invocan la “imparcialidad” cuando en realidad practican la in-parcialidad: es decir, consideran que estar a la última (ser muy “in”) consiste precisamente en ser descaradamente parcial.
 
Es fácil reconocer el patrón: abordan cualquier tema con una proclama inicial cargada de certeza moral, se presentan como portavoces de “la verdad” (que siempre coincide con la suya) y, para dar apariencia de rigor, citan a continuación a una serie de “expertos” o “fuentes”… que casualmente comparten exactamente su misma visión. La idea de incluir una opinión discrepante ni siquiera les roza la mente.
 
Cuando detectes este truco tan repetido, la respuesta más sana y eficaz es sencilla: pasar página o cambiar de canal.
 

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viernes, 10 de abril de 2026

El aborto: una cuestión moral por encima de las etiquetas políticas

Un tema recurrente en el debate público sigue siendo el aborto, que rara vez se aborda desde la independencia y sí, con frecuencia, desde la manipulación para utilizarlo como herramienta de ataque a los adversarios.
 
Lo primero que cabría señalar es que el aborto no es ningún derecho. Sí lo es el “derecho a la vida”; también se puede exigir el “derecho a la propia muerte” en ciertos contextos éticos y legales; pero no parece razonable pedir “el derecho de matar a otro”. Ese derecho se lo arrogan todos los Gobiernos cuando deciden participar en guerras; también se lo arrogan las dictaduras para “eliminar” a la resistencia; y en algunos lugares, incluso las democracias que mantienen la pena de muerte.
 
Defender o atacar el aborto no es de derechas ni de izquierdas, no es de religión ni de agnosticismo; es simplemente una cuestión moral que trasciende cualquier etiqueta que quieran ponerle.
 
Por mi parte, ofreceré a continuación algunas reflexiones.
 
Precisamente en el marco de la defensa de los pacientes, si hay alguien a quien debemos prestar una atención especial es a aquellos que, por la gravedad de su enfermedad, por su edad o por su menor capacidad de autonomía o discernimiento, no tienen posibilidad de hacer oír su voz y hacer valer sus derechos. Sobre estos —los que aún no han traspasado la barrera de su nacimiento o los que se encuentran al final de su vida— se centra un debate social en el que otros quieren decidir por ellos. Llamar al aborto “interrupción voluntaria del embarazo” es, en muchos casos, un eufemismo que sirve para anestesiar conciencias.
 
Comencemos por el inicio de la vida, que es el momento de la unión del óvulo y el espermatozoide. A partir de ese instante se inicia el camino de una vida humana, un camino al que se pretende poner plazos arbitrarios para poder cortarlo a nuestro antojo, sin conceder a ese ser vivo ningún derecho. Con la fecundación comienza la aventura de una vida humana, cuyas principales capacidades requieren tiempo para desarrollarse y poder actuar.
 
No entraremos aquí en el debate sobre en qué momento exacto se pretende considerar al nuevo ser con derecho a la vida: si a las 14 semanas (plazo libre actual en España), a las 22 o incluso desde el nacimiento.
 
Hay quienes argumentan que la futura madre tiene derecho a decidir porque ese nuevo ser depende de ella. Pero la dependencia no equivale a ser parte del organismo materno. Tampoco después de nacer puede un niño vivir independientemente de la madre o de cuidados apropiados.
 
Otros sostienen que el embrión solo es humano cuando tiene actividad eléctrica cerebral, señalando que el electroencefalograma es plano hasta alrededor de la octava semana. Pero ¿significa eso que no es vida humana? El desarrollo del cerebro es muy lento: la actividad eléctrica comienza a detectarse hacia los 43 días, y ni siquiera el niño recién nacido tiene completado su sistema nervioso ni la formación neuronal. Solo hacia los seis años puede considerarse anatómicamente acabado el cerebro. ¿Dónde está, pues, esa frontera precisa para conceder derechos como a cualquier ser humano?
 
Se está promocionando y vendiendo el “derecho al aborto” como si fuera un método anticonceptivo más. Mayor aberración no cabe. Los anticonceptivos sirven para evitar la fecundación; el aborto no la evita. Alentando el aborto se desincentiva el uso responsable de anticonceptivos, derivando casos hacia clínicas que se benefician económicamente. Se utiliza a las mujeres como mercancía para beneficio de unos pocos.
 
El aborto es una decisión traumática (si se tiene un mínimo de conciencia) y conlleva riesgos sanitarios. Es consecuencia de un embarazo no deseado al que, en muchos casos, no tendría que haberse llegado, gracias a una educación sexual adecuada y al uso de métodos anticonceptivos.
 
Solo considerado como último recurso, cuando todo lo anterior ha fracasado, no creo que deba penalizarse a la madre que decide recurrir a él. Pero de ahí a promocionarlo y normalizarlo como opción rutinaria, hay un abismo.
 
Es imprescindible ofrecer a las mujeres que consideran abortar una información completa, objetiva y equilibrada sobre todos los supuestos y posibilidades. Hoy, según los datos oficiales del Ministerio de Sanidad, más del 94 % de los abortos se justifican por “decisión voluntaria de la mujer”, mientras que solo un pequeño porcentaje responde a riesgos graves para la salud. Sin embargo, un estudio longitudinal de 30 años publicado en el British Journal of Psychiatry (Fergusson et al., 2008) concluyó que no hay evidencia de que el aborto reduzca los riesgos de salud mental en mujeres con embarazos no deseados; por el contrario, sugirió un posible pequeño aumento en ciertos trastornos.
 
También debería ser obligatorio un período de reflexión para que la mujer pueda asimilar, madurar y decidir con serenidad. Y, finalmente, habría que ofrecer ayudas sociales reales en caso de que decida continuar con el embarazo. Unas ayudas que, en demasiados casos, siguen brillando por su ausencia o son insuficientes.
 
En último término, habría que facilitar dar al hijo en adopción cuando la madre lo desee. Miles de familias españolas estarían dispuestas a acogerlos con cariño, pero los procedimientos legales siguen siendo complejos y largos (a menudo de varios años), lo que desanima a muchas. La adopción nacional e internacional sigue siendo un calvario burocrático para las parejas que desean adoptar.
 
Las medidas legislativas actuales —con la ley de plazos que permite la interrupción libre hasta las 14 semanas, y hasta las 22 en ciertos supuestos— dejan cada vez más desprotegida la vida de los inocentes. El ambiente general que se ofrece a través de numerosos medios de comunicación induce a pensar que el aborto es algo que debe entrar en la normalidad social. No solo habría que revisar la legislación actual, sino impedir que derive hacia posiciones aún más permisivas.
 
Decía Julián Marías que “la aceptación social del aborto es, sin excepción, lo más grave que ha acontecido en el siglo XX”. Y hoy, en pleno siglo XXI, la cifra sigue siendo elocuente: en 2024 se registraron en España 106.172 interrupciones voluntarias del embarazo, según datos del Ministerio de Sanidad, con una tasa de 12,36 por cada 1.000 mujeres en edad fértil. Cada año se pierden decenas de miles de vidas humanas en desarrollo. Se habla de “derecho” y, sin embargo, se está aplastando el primero y más fundamental de todos: el derecho a la vida.
 

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jueves, 9 de abril de 2026

Formación médica continuada: ¿filantropía o estrategia inteligente?

En un congreso de la profesión médica se dedicó una mesa redonda a la formación continuada. La conclusión fue unánime: la formación no debe ser impuesta por los empleadores, sino elegida libremente por cada médico, que es quien mejor sabe qué necesita actualizar. Hubo también consenso en que el apoyo de la industria farmacéutica a esta formación ha sido y sigue siendo muy positivo, siempre que no intervenga en los contenidos, para evitar cualquier sesgo comercial.
 
Hasta aquí, todo lógico y correcto. Pero surge una pregunta incómoda: si los laboratorios son empresas con fines de lucro y no pueden dirigir el dinero invertido hacia sus intereses comerciales, ¿para qué lo gastan?
 
La realidad muestra que los médicos siguen solicitando ese apoyo y que la industria acepta que sean los propios profesionales —a menudo a través de las sociedades científicas— quienes decidan los contenidos. ¿Estamos ante una contradicción? ¿Mentira o ingenuidad?
 
Ni una cosa ni la otra. La explicación es mucho más sencilla y, al mismo tiempo, más honesta de lo que suele reconocerse públicamente. Los laboratorios presentan su contribución como un gesto de “compromiso social”, casi como si fueran organizaciones no gubernamentales. Pocas personas se lo creen del todo. ¿No sería más creíble y transparente decir la verdad sin rodeos?
 
La verdad es la siguiente: las compañías farmacéuticas financian cursos, congresos y actividades formativas cuyos contenidos son elegidos por los médicos y sociedades científicas, sin que el programa esté orientado a ensalzar un producto concreto. Lo hacen porque, gracias a ese patrocinio, sus visitadores médicos (o delegados) pueden acceder más fácilmente a los profesionales. En los prolegómenos, los descansos o las reuniones logísticas previas, surge la oportunidad natural de hablar de las novedades de sus medicamentos, de sus características, estudios y ventajas diferenciales. Esa información, que nadie conoce mejor que el propio laboratorio, llega así al médico para que pueda prescribir con mayor conocimiento.
 
Es así de simple. Ante las trabas crecientes a la visita médica tradicional —limitaciones de tiempo, restricciones hospitalarias y administrativas—, la industria ha tenido que buscar caminos alternativos para cumplir su función esencial: informar puntualmente sobre los avances en medicamentos, tanto nuevos como ya establecidos en el mercado.
 
Quien conozca el sector desde dentro sabe que cualquier empresa que patrocina algo es lógico que exija ver en qué se invierte su dinero. Las sociedades científicas diseñan los programas, los laboratorios los pagan y, como contrapartida razonable, obtienen una mayor facilidad de acceso a los médicos. El curso en sí permanece “aséptico” desde el punto de vista comercial. Otra cosa es cuando un laboratorio organiza directamente un evento: entonces los contenidos sí se centran en sus productos y los ponentes destacan sus ventajas, lo cual es perfectamente legítimo.
 
La realidad observada suele ser incluso la inversa de la imagen de “filantropía”: los laboratorios pagan cursos, libros, publicaciones o acciones, y son las sociedades científicas las que se llevan la mayor parte del mérito público. La presencia del patrocinador se reduce frecuentemente a un discreto logotipo en la contraportada, una oportunidad de visita y el agradecimiento de los organizadores. Cientos de libros financiados por la industria llegan a manos de los médicos con apenas una mención mínima al financiador.
 
Según los datos publicados por Farmaindustria correspondientes a 2023, la industria destinó 232 millones de euros a apoyar la formación continuada de profesionales sanitarios (médicos, farmacéuticos y enfermeros). De esa cantidad, 128 millones fueron para organizaciones sanitarias que organizan congresos y reuniones, y 104 millones en ayudas directas a profesionales para facilitar su participación. En 2024 las cifras se mantuvieron en niveles similares, rondando los 242 millones solo en formación. Todo ello dentro del marco del Código de Buenas Prácticas de Farmaindustria, que establece normas estrictas para garantizar la independencia de los contenidos y evitar que el patrocinio se convierta en un incentivo indebido para la prescripción.
 
Nadie niega que esta colaboración sea beneficiosa: actualiza conocimientos, mejora la calidad asistencial y, en último término, beneficia a los pacientes. Pero pretender presentarla como un acto de pura generosidad desinteresada es, cuando menos, incompleto. Sería mucho más saludable para todos —profesionales, industria y sociedad— reconocer abiertamente la naturaleza mutuamente beneficiosa de esta relación: los médicos obtienen formación de calidad y acceso a información actualizada; las sociedades científicas, recursos para organizar actividades; y los laboratorios, canales legítimos y eficientes para informar sobre sus productos.
 
La formación médica continuada necesita más financiación pública independiente, sin duda. Mientras tanto, mientras el sistema dependa en gran medida del patrocinio privado, la honestidad intelectual exige llamar a las cosas por su nombre: no es filantropía ficción, sino una alianza práctica entre dos sectores que, cada uno desde su rol, contribuyen al avance del conocimiento médico.
 
La transparencia ya existe en buena medida gracias a la publicación anual de las “transferencias de valor”. Quizá el siguiente paso sea hablar con mayor claridad sobre los motivos reales de esa colaboración. Solo así se evitarán sospechas innecesarias y se fortalecerá la confianza en todo el sistema. Esta es la verdad que no se quiere reconocer cuando se habla del patrocinio de la industria farmacéutica.
 

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miércoles, 8 de abril de 2026

Decálogo de los 10 NO del ser humano trabajador

Vamos a repasar hoy el “Decálogo de los 10 NO del ser humano trabajador” para conseguir una conciliación real y una igualdad sin distinciones tanto para hombres como para mujeres (de ahí que hablemos de “ser humano” para que sea aplicable por igual tanto a hombres como a mujeres).
 
1.- NO renuncies a tu vida personal por tu vida profesional, ni al revés.
Conciliar ambas es un derecho irrenunciable. Desterremos de una vez el mito de que progresar profesionalmente exige descuidar la familia o la vida privada. Conciliar no significa trabajar menos, sino trabajar mejor, de forma más eficaz y productiva. Esto lo deben exigir y practicar tanto hombres como mujeres.
 
2.- La casa NO es un segundo empleo.
Las tareas domésticas y el cuidado del hogar no son “cosa de mujeres”. La gestión del hogar forma parte de la vida personal de todas las personas y sus responsabilidades deben compartirse equitativamente. Si ambos trabajan fuera de casa, la carga se reparte al 50 %.
 
3.- NO aceptes nunca la expresión “mi pareja ayuda en casa”.
En el hogar y con los hijos, nadie “ayuda”: se comparte en igualdad de condiciones. El verbo “ayudar” implica que una persona es la responsable principal y la otra solo colabora. Esa mentalidad debe desaparecer.
 
4.- NO asumas en solitario la educación y el cuidado de tus hijos.
Los hijos son responsabilidad compartida. Es fundamental que el niño o la niña perciba que ambos progenitores desempeñan el mismo papel. No debe quedar la imagen de que “papá trabaja y mamá se ocupa de todo” o viceversa.
 
5.- Aprende a decir NO en el trabajo.
Es esencial saber rechazar peticiones que no corresponden a tus funciones o que suponen una ampliación indebida de tu jornada. Decir NO con respeto y asertividad protege tu tiempo y tu salud. Esto vale exactamente igual para hombres y mujeres.
 
6.- NO estamos en el siglo XX.
Los roles tradicionales que asignaban al hombre el trabajo fuera de casa y a la mujer el cuidado del hogar ya no tienen sentido en la sociedad actual. Mantener ese reparto solo perpetúa desigualdades. Hoy corresponde una distribución equitativa de obligaciones y derechos.
 
7.- Los hijos NO son un lujo, son un derecho y una gran responsabilidad.
Tener hijos y dedicarles el tiempo necesario es un derecho natural. Nadie debe insinuar que son un capricho o un obstáculo profesional. La sociedad y las empresas deben facilitar, no penalizar, el ejercicio de ese derecho.
 
8.- La conciliación NO es un favor que te hace la empresa.
Reclamar tiempo para conciliar no requiere justificación, ni las empresas otorgan un privilegio cuando lo conceden. Es un derecho laboral y un elemento clave de bienestar y productividad que beneficia a toda la organización.
 
9.- NO permitas que se incumpla sistemáticamente tu jornada laboral.
Exige que tu horario termine a la hora establecida y que se respeten rigurosamente los permisos, reducciones de jornada y derechos que te corresponden. Cumplir la jornada es tan importante como respetarla.
 
10.- NO des tu causa por perdida.
Reclama tus derechos con constancia, al tiempo que cumples con tus deberes. Solo así las empresas, las administraciones y la sociedad avanzarán hacia una verdadera igualdad.
La igualdad no consiste en pasar privilegios de unos a otros; consiste en compartir al 50 % tanto las obligaciones como los derechos y beneficios, entre hombres y mujeres trabajadores.
 
Por unos horarios más racionales
 
En definitiva, la racionalización de los horarios laborales en España no es un capricho: es una necesidad urgente y una palanca de progreso social y económico. Humanizar los horarios, hacerlos convergentes con los de los países de nuestro entorno, no es retroceder: es modernizar el país y construir una sociedad más justa, saludable y productiva. No se trata de trabajar menos sino de trabajar a pleno rendimiento (sin distracciones, sin charlas de pasillo, sin descansos exagerados, etc.) las horas que correspondan, tal como se hace en los países europeos avanzados
 

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martes, 7 de abril de 2026

Premio “Periodista Duracell”

La actualidad es tan frenética y diversa que a los periodistas nos cuesta a veces encontrar “la noticia del día” o el tema perfecto para nuestra columna. Hay tanto donde elegir que uno se pregunta cómo sorprender cada vez a la audiencia, ser original y evitar la monotonía.
 
Pues bien, desde esta tribuna he decidido crear un premio para todo lo contrario: el Premio Duracell al periodista más monotemático del año.
 
Bases del premio:
 
1.- Podrán optar al galardón todos los periodistas de prensa escrita que ejerzan su profesión en cualquier medio de comunicación español.
 
2.- Se premiará al periodista que, con mayor insistencia y perseverancia, escriba siempre sobre el mismo tema.
 
3.- Da igual el género que utilice (crónica, tribuna, noticia, crítica o comentario). Lo importante es que todos sus textos giren, de forma permanente y casi obsesiva, en torno a un único asunto o personaje.
 
4.- Se valorará especialmente a quienes publiquen en varios medios distintos, pero mantengan el mismo tema en todos ellos, como un mantra inagotable.
 
5.- Se puntuará con nota alta el tono moralista y aleccionador, ese estilo que demuestra que el autor (o autora) se considera infalible en sus juicios y que su verdad es la única posible.
 
6.- El premio consistirá en un bonito dibujo personalizado del conejito Duracell con la cara del ganador, como símbolo de su constancia inquebrantable por conseguir que aquello que a él o ella le obsesiona nos obsesione también a los demás.
 
¿Quieres participar o proponer a algún candidato especialmente “merecedor”?
Puedes escribir a este blog. Las candidaturas se admitirán hasta el 28 de diciembre de 2026.
 

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