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sábado, 21 de marzo de 2026

Santiago Segura, 11 – Pedro Almodóvar, 3

Este es el resultado que marcan hoy los cines españoles, 11 a 3 a favor de Santiago Segura frente a Pedro Almodóvar; un fiel reflejo de lo que el público quiere ver cuando va al cine, y un claro reflejo también de que estamos muy necesitados de risas y vamos sobrados de dramas.
 
El ejemplo ilustrativo que da pie a este “marcador deportivo” lo tenemos en los multicines de La Vaguada (Madrid). En un día como hoy, la película de Santiago Segura “Torrente presidente” se da en 11 pases mientras que la película de Pedro Almodóvar, “Amarga Navidad” sólo se da en tres pases.
 
El primero, Segura, hace un cine para divertir al público, para que se lo pase bien; el segundo, Almodóvar, un cine retorcido, rebuscado y dramático que acongoja al público. El primero, Segura, no recibe premios ni subvenciones; el segundo, Almodóvar, recibe premios y subvenciones; pero al final el público es el que dicta sentencia y prefiere reír a llorar. Porque, tal y como están las cosas en nuestro país, más nos vale reír un poco.
 

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El rey de los cameos

Santiago Segura ha convertido la aparición estelar fugaz en una de las señas de identidad más potentes del cine español contemporáneo. Desde que en 1998 irrumpió en las pantallas con “Torrente, el brazo tonto de la ley”, el actor y director madrileño ha hecho de los cameos no solo un recurso cómico recurrente, sino todo un arte capaz de generar expectación, risas y, sobre todo, conversación entre el público. Con la saga Torrente como lienzo principal, Segura ha elevado estas breves intervenciones a la categoría de aliciente principal para muchos espectadores, que acuden a las salas no solo por la irreverencia de este peculiar antihéroe, sino por el juego de adivinar quién aparecerá de sorpresa en el siguiente plano.
 
A lo largo de las cinco entregas anteriores, la fórmula se ha repetido con éxito: rostros conocidos del espectáculo, la televisión, el deporte o incluso la aristocracia cruzaban la pantalla por unos segundos o minutos, siempre en clave de humor absurdo, autocrítico o directamente descarado. Desde deportistas y cantantes hasta figuras mediáticas o políticos retirados, Segura ha demostrado una habilidad especial para convencer a personalidades de lo más variopinto de sumarse a su universo caótico. Esos guiños inesperados funcionan como pequeñas bombas de sorpresa que mantienen al espectador en alerta constante, convirtiendo cada visionado en una caza del tesoro cómica. “¿Por qué no hacer ese regalo a los fans?”, ha declarado el propio Segura en varias ocasiones, defendiendo el secreto absoluto alrededor de estas apariciones para maximizar el factor sorpresa.
 
Con Torrente presidente, la sexta entrega de la saga que llega a los cines en marzo de 2026, Santiago Segura lleva esta tradición a su máxima expresión. La película se transforma en un auténtico festival de cameos, un desfile interminable de caras conocidas que abarcan desde el mundo de la televisión y la prensa hasta el espectáculo internacional. El film se convierte en un espejo distorsionado y satírico de la actualidad política y mediática española, donde periodistas, presentadores, colaboradores de programas estrella, humoristas y hasta figuras de la política reciente se cruzan en el camino del incorregible José Luis Torrente. La cinta no deja títere con cabeza y multiplica las apariciones hasta el punto de que resulta casi imposible captarlas todas en un solo pase.
 
Lo que hace único este capítulo es cómo Segura ha logrado que los cameos no sean meros adornos, sino que formen parte orgánica del engranaje narrativo y satírico. Cada aparición breve contribuye a reforzar el tono esperpéntico de la propuesta, engancha al espectador en una dinámica de “¿quién viene ahora?” y genera esa complicidad inmediata que ha convertido a la saga en un fenómeno de culto popular. El director ha jugado con el secretismo durante toda la promoción, evitando filtraciones y manteniendo el misterio para que el público disfrute de la sorpresa en la sala. El resultado es una película que, más allá de su trama central, se vive como una fiesta colectiva donde el espectador se siente parte del chiste.
 
Santiago Segura no inventó el cameo —Alfred Hitchcock ya era maestro en el arte de colarse en sus propias películas—, pero en el contexto del cine español comercial ha logrado convertirlo en un elemento tan definitorio como el propio personaje de Torrente. Ha transformado lo efímero en un gancho poderoso, demostrando que una aparición de pocos segundos puede valer más que mil palabras de marketing. Con Torrente presidente, el rey de los cameos corona su reinado: lo que empezó como un divertimento se ha transformado en una estrategia maestra que sigue divirtiendo, sorprendiendo y, sobre todo, fidelizando a generaciones de espectadores que no conciben ya una nueva entrega sin ese festival de caras inesperadas.
 
Segura nos recuerda que el cine también puede ser puro juego, un espacio donde lo imprevisible y lo popular se dan la mano. Y mientras Torrente aspira a la presidencia en la ficción, su creador ya ha conquistado, hace tiempo, el trono indiscutible de los cameos en España.
 

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Las siete maravillas naturales de Castilla La Mancha

Castilla-La Mancha va mucho más allá de los famosos molinos y las aventuras quijotescas. En esta vasta meseta bajo un cielo que parece infinito se ocultan rincones naturales de una belleza casi irreal: bosques que invitan al recogimiento, ríos que brotan con potencia, cañones profundos donde el tiempo se detiene y formaciones geológicas que desafían la imaginación.
 
Explorar estos espacios es como sumergirse en un relato vivo tallado por el agua, la piedra y el viento. Son lugares que despiertan admiración genuina y demuestran que esta región, famosa por su herencia literaria, también alberga una naturaleza vibrante y salvaje que atrae a visitantes de todas partes, convirtiéndola en uno de los destinos más cautivadores de España.
 
Aquí van siete joyas naturales que merecen un lugar en tu lista de viajes y escapadas pendientes:
 
1. Las Tablas de Daimiel: el oasis en la llanura seca
En el centro de Ciudad Real, los ríos Guadiana y Gigüela se entretejen para crear uno de los humedales más singulares de Europa: Las Tablas de Daimiel. Este Parque Nacional (declarado en 1973) es un verdadero paraíso para la biodiversidad: más de 250 especies de aves —desde garzas imperiales hasta flamencos y patos— lo convierten en parada obligada para migraciones. Nutrias juguetonas, anfibios y mamíferos terrestres completan un ecosistema que brilla con reflejos acuáticos. En medio de la árida Mancha, este rincón demuestra que la vida siempre encuentra su camino, incluso donde menos se espera.
 
2. El Hayedo de Tejera Negra: un bosque mágico en el sur
En la Sierra Norte de Guadalajara se encuentra uno de los hayedos más septentrionales... espera, no: uno de los más meridionales de todo el continente. El Hayedo de Tejera Negra parece sacado de un cuento: un silencio profundo interrumpido solo por el susurro de las hojas y el crujido de las ramas.  Primavera trae verdes intensos, otoño enciende tonos dorados y rojizos espectaculares, e invierno lo cubre de melancolía plateada. Desde 2017 forma parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO (como extensión de los hayedos primarios europeos). Sus senderos —como la Senda de Carretas o la del Robledal— serpentean entre hayas centenarias, robles, abedules y pinos, donde es común avistar corzos, zorros o el vuelo majestuoso del águila real.
 
3. Parque Nacional de Cabañeros: el "Serengeti" manchego
A caballo entre Toledo y Ciudad Real se extiende Cabañeros, uno de los últimos reductos del bosque mediterráneo en buen estado. Llanuras abiertas salpicadas de encinas, alcornoques y jaras albergan una fauna emblemática: linces ibéricos, buitres negros, águilas imperiales, ciervos y jabalíes.  Cada otoño, la berrea transforma el silencio en un espectáculo sonoro inolvidable: los bramidos de los ciervos en celo resuenan como un concierto primitivo. Este parque casi desapareció en los 80 por planes militares, pero la movilización ciudadana lo salvó y en 1995 se declaró Parque Nacional. Un testimonio de que la naturaleza, cuando se defiende, puede perdurar.
 
4. Nacimiento del río Mundo: la explosión de agua
En la provincia de Albacete, en el término de Riópar, la sierra guarda uno de los espectáculos más impresionantes: el nacimiento del río Mundo. Desde una pared rocosa vertical, el agua surge con fuerza brutal en lo que llaman "el reventón", cayendo en cascada de unos 86 metros de altura.  Abajo, pozas turquesas (las calderetas) y un entorno de vegetación exuberante crean un contraste mágico con la montaña caliza. Miradores permiten admirar cómo la tierra libera vida con estruendo y belleza. Un lugar que deja sin aliento a cualquiera que lo visite.
 
5. Parque Natural del Alto Tajo: cañones sin fin
Entre Guadalajara y Cuenca se despliega el Alto Tajo, un paisaje de dimensiones épicas: hoces profundas, cañones vertiginosos y barrancos que parecen tallados por titanes. Este parque alberga una enorme diversidad botánica (cerca del 20 % de la flora ibérica) y es refugio de rapaces como halcón peregrino, buitre leonado y águila real.  El río Tajo y sus afluentes han esculpido un mundo de verticalidad y silencio que inspiró novelas como El río que nos lleva de José Luis Sampedro. Ideal para senderismo, observación de aves o simplemente dejarse impresionar por la inmensidad.
 
6. Valle del Cabriel: pureza y transparencia
Declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 2019, el Valle del Cabriel es uno de esos secretos bien guardados. El río homónimo ha modelado a lo largo de milenios hoces impresionantes, pozas de agua cristalina y barrancos que cuentan la historia geológica de la zona.  Encinas, pinos y vegetación riparia dan cobijo a numerosas aves rapaces y fauna discreta. Sus senderos invitan a caminar entre frescor, tranquilidad y una sensación de conexión profunda con un entorno intacto, perfecto para desconectar y recargar energías.
 
7. Ciudad Encantada: esculturas de piedra vivas
Cerca de Cuenca, en la Serranía, aguarda la Ciudad Encantada: un laberinto de formaciones calizas moldeadas por millones de años de erosión. Rocas que parecen barcos petrificados, setas gigantes, torres imposibles, figuras de animales o incluso parejas abrazadas (los famosos "Amantes de Teruel" en piedra).  Declarado Sitio Natural de Interés Nacional, caminar entre estos caprichos geológicos rodeados de pinos es como entrar en un museo al aire libre donde la imaginación se dispara. Un lugar que mezcla ciencia, fantasía y asombro puro.
 
Estos siete destinos no son meros paisajes: son experiencias que se quedan grabadas, momentos de conexión con algo más grande que nosotros. Si aún no los has descubierto, Castilla-La Mancha te está esperando con su versión más salvaje y hermosa. ¿Cuál te llama más la atención para tu próxima escapada?
 

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viernes, 20 de marzo de 2026

Si te atacan, grita “¡Fuego!”

Parece un chiste malo o un consejo de película barata de los años 80, pero es una de las recomendaciones más repetidas –y más reales– en manuales de autodefensa y decálogos de seguridad personal desde hace décadas. El punto nº 9 de uno de esos listados clásicos, que circuló ampliamente en los 2000 y aún se comparte en redes y talleres feministas, lo dice sin rodeos: “En cualquier situación de peligro, en el caso que tenga que gritar, grite siempre ‘¡Fuego! ¡Fuego!’ y muchas más personas acudirán (curiosos). En el caso que su grito sea ‘¡Socorro!’ la mayoría de las personas se abstiene, por miedo”.
 
¿Por qué funciona así? Porque el ser humano, en su versión más cobarde y calculadora, responde mejor a una amenaza que le afecta directamente que a un drama ajeno. “¡Socorro!” o “¡Auxilio!” implican involucrarse: acercarse a un posible agresor, arriesgarse a una pelea, a una puñalada, a meterse en problemas legales o simplemente a presenciar algo desagradable. La mayoría opta por mirar para otro lado, seguir caminando o, en el mejor de los casos, llamar a la policía desde lejos mientras finge que no ha visto nada. Es el famoso efecto espectador en estado puro: cuanto más gente hay alrededor, menos probable es que alguien actúe, porque todos piensan “ya lo hará otro”.
 
Pero “¡Fuego!” cambia el guion. De repente, el peligro es colectivo: si hay fuego, el humo puede llegar a todos, las llamas pueden extenderse, el edificio puede venirse abajo. Curiosidad, instinto de supervivencia y miedo egoísta se activan al unísono. La gente sale a la ventana, se asoma al portal, baja a la calle. No por heroísmo, sino por autoprotección. Y en ese revuelo, la víctima gana tiempo, testigos, quizás ayuda real.
 
Este truco no es nuevo ni inventado por algún gurú de la defensa personal. Aparece en artículos de prensa desde hace más de quince años, en talleres contra agresiones sexuales (sobre todo dirigidos a mujeres), en consejos de supervivencia urbana y hasta en publicaciones que recopilan “tips” de violadores arrepentidos en prisión. Todos coinciden: gritar “socorro” aísla; gritar “fuego” moviliza.
 
Y aquí viene lo que duele: que tengamos que recurrir a esta artimaña para que nos ayuden dice mucho –y muy poco halagador– de nosotros como sociedad. En un mundo ideal, un grito de “¡Me están agrediendo!” debería bastar para que varias personas corrieran en auxilio sin pensarlo dos veces. Debería ser la norma, no la excepción. Pero no: hoy día, intervenir en una pelea callejera, en un forcejeo en el metro o en un intento de agresión sexual se considera “heroico”. Heroico. Como si defender a otro ser humano fuera un acto extraordinario, reservado a superhéroes de cómic o a gente con medallas al valor.
 
Lo trágico es que esa heroicidad es la excepción porque la insolidaridad es la regla. Miramos el móvil, aceleramos el paso, murmuramos “qué barbaridad” y seguimos con nuestra vida. Porque “no es mi problema”, porque “puede ser peligroso”, porque “igual no es para tanto”. Excusas que nos contamos para dormir tranquilos.
 
Mientras tanto, las víctimas –mujeres sobre todo, pero también hombres, niños, ancianos– siguen solas en el peor momento de sus vidas. Y los agresores lo saben: cuentan con nuestra pasividad, con ese pacto tácito de no meternos donde no nos llaman.
 
Así que sí: si te atacan, grita “¡Fuego!”. Es pragmático, efectivo y triste a partes iguales. Pero no dejemos que sea solo un truco de supervivencia. Deberíamos avergonzarnos de necesitarlo. Deberíamos educar a nuestros hijos, a nuestros vecinos, a nosotros mismos, para que un grito de auxilio –sea del tipo que sea– nos saque de la parálisis y nos impulse a actuar.
 
Porque si gritar “fuego” es lo que funciona, algo se nos ha roto por dentro. Y reconstruirlo empieza por dejar de ser espectadores y empezar a ser personas. Esa es la realidad.
 

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jueves, 19 de marzo de 2026

Profesiones con futuro (casi) garantizado

El mercado laboral está en constante cambio… y recesión. Cada vez es más difícil encontrar un buen trabajo y profesiones que antes eran muy atractivas hoy son sinónimo de “paro”. Pero no pierdas la esperanza, porque también hay profesiones a las que no afecta la crisis e incluso aparecen otras nuevas con necesidad de cubrir puestos de trabajo.
 
Por eso os voy a ofrecer unos ejemplos de profesiones en las que, si estáis preparados para ello, podréis encontrar trabajo y muy bien remunerado. Esto va muy en serio, aunque lo vista de broma…
 
Abogado de la industria farmacéutica.- Los laboratorios cada vez contratan más letrados. Uno se pregunta… ¿en qué estarán pensando exactamente? (Spoiler: en demandar a medio mundo y defenderse de la otra mitad).
 
Auditor “creativo”.- Cualquier empresa que quiera aparentar seriedad pagará fortunas a auditores que les digan exactamente lo que quieren oír. El dinero para pagarles sale de… recortes de personal, publicidad, I+D, ayudas sociales… ya sabes, lo prescindible.
 
Consultor de sostenibilidad y lavado verde.- Las empresas necesitan urgentemente parecer ecológicas. Da igual que sigan contaminando: con un buen PowerPoint lleno de “net zero”, “ESG” y arbolitos en el logo ya vale. Negocio en auge.
 
Detective privado 2.0 (especializado en trapos sucios políticos).- No vale cualquiera. El negocio está en encontrar (o fabricar) el escándalo perfecto y vendérselo al partido contrario justo antes de las elecciones. Margen brutal, demanda constante.
 
Experto en Inteligencia Artificial.- Ironía máxima: la IA va a dejar sin empleo a millones… pero precisamente a los que saben manejarla bien no les toca. De momento. (Y este “de momento” me lo ha dicho precisamente una IA).
 
Ingeniero/robótico de mantenimiento.- Alguien tiene que reparar, reprogramar y evitar que los robots se rebel… o se caigan por las escaleras. Cuantos más robots quitan empleos, más humanos hacen falta para que no fallen estrepitosamente.
 
Creador de contenido para videojuegos y mundos virtuales.- Cuando la IA y los robots hagan todo el trabajo “real”, a la humanidad solo le quedará escaparse a metaversos y videojuegos ultra-adictivos. Los que sepan diseñarlos tendrán trabajo asegurado.
 
Especialista en ciberseguridad (o hacker ético… o no tan ético).- Cada semana hay un nuevo ciberataque millonario. Las empresas pagan lo que haga falta para que no sean ellas las siguientes. Y los que saben atacar… también saben defender (o chantajear discretamente).
 
Gestor de influencers y creadores de contenido “polémico”.- En un mundo saturado de atención, el que genera indignación rentable es rey. Los managers que saben colocar el drama justo en el límite (sin caer en la cancelación total) cobran comisiones estratosféricas.
 
Inspector de la SGAE (o su equivalente futuro).- Cada año inventan una nueva forma de cobrar derechos. Pronto incluirán silbidos por la calle, tarareos en la ducha y el “piiiiip” del microondas. La creatividad recaudatoria no tiene límites.
 
Intermediario global “low cost – high margin”.- Compra en cualquier sitio donde la mano de obra cueste menos que un café y vende en España/Europa 15–30 veces más caro. El talento está en la logística… y en la cara dura.

Técnico de servicios funerarios.- Cliente 100 % cautivo, cero morosidad, demanda anticíclica total. Ni la IA ni la robótica han encontrado aún la forma de sustituir este servicio. Negocio eterno.
 
Político profesional.- Por mucha crisis que haya, sigue siendo de las profesiones mejor pagadas, con mejores jubilaciones y con mayor capacidad de auto-generar empleo… para familiares, amigos y compañeros de partido.
 
Sindicalista “de salón”.- Con tal de ser dócil con el gobierno de turno, llegan subvenciones, liberados, cargos públicos posteriores y mariscadas casi diarias. La lucha obrera… pero desde la poltrona.
 
Terapeuta de duelo digital / “coach de desconexión”.- La gente está agotada de estar siempre conectada, de la FOMO, de la dopamina barata. Los que enseñen a desconectar (o al menos a fingir que desconectan) van a tener lista de espera hasta 2030.
 

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